GÉNERO, IMAGEN CORPORAL Y

TRASTORNOS ALIMENTARIOS

 EN LA ADOLESCENCIA

 

 PRESENTADO POR:

                            BELÉN CANO MOYANO

 

ÍNDICE

 

1. INTRODUCCIÓN: TEORÍA

  

2. PARTE METODOLÓGICA

2.1. OBJETIVOS E HIPÓTESIS

2.2. VARIABLES ESTUDIADAS E INSTRUMENTOS UTILIZADOS

2.3. DESCRIPCIÓN DE LA MUESTRA

2.4. PROCEDIMIENTO

  

3. BIBLIOGRAFÍA

 

ANEXO: INSTRUMENTOS DE EVALUACIÓN

 

 

1. INTRODUCCIÓN: TEORÍA

           La alteración de la imagen corporal ha sido recogida como uno de los criterios diagnósticos de la anorexia nerviosa en los trastornos de la conducta de alimentación (American Psychiatric Association,1994). Dado su importante papel en el inicio y mantenimiento de la enfermedad, su recuperación es crucial en la intervención (Bruch, 1962; Kolb,1975).

Aunque la imagen corporal y su alteración en los trastornos de alimentación han dado lugar a un gran numero de investigaciones, los resultados no han sido muy consistentes, por lo que todavía no existe un consenso sobre su naturaleza. Parte de las inconsistencias puede ser debida a la utilización de distintos criterios diagnósticos  de diferentes métodos de evaluación, entre otros factores. Autores como Smeets, Smit, Panhuysen y Ingleby (1997) analizaron a través de un meta-análisis la influencia de los distintos métodos de evaluación en la estimación del tamaño corporal en pacientes anoréxicas. Concluyeron que los métodos de cuerpo entero y el procedimiento visual de estimación del tamaño de Slade evaluaban aspectos de la imagen corporal relacionados entre si. En un estudio meta-analítico posterior estos mismos autores estudiaron la relación del tamaño corporal actual de las pacientes anoréxicas y su índice de percepción corporal, obteniendo una relación lineal negativa; es decir, cuanto menor era el tamaño de su cuerpo, mayor era la sobreestimación que mostraban sobre su cuerpo.

Se entiende como alteración de la imagen corporal la presencia de juicios valorativos sobre el cuerpo que no coinciden con las características reales. Aunque siempre es esperable un cierto margen de error en las apreciaciones sobre el propio cuerpo, la presencia de sesgos sistemáticos en los pacientes con desordenes de la alimentación ha llevado a generalizar el concepto de alteración de la imagen corporal.

La imagen corporal se ha definido como un constructo con una estructura multidimensional que abarca autopercepciones, pensamientos, sentimientos y acciones referentes al propio cuerpo, principalmente a su apariencia (Cash, 1990).          Diversos estudios han diferenciado dos dimensiones subyacentes en dicha estructura: la dimensión perceptiva y la dimensión actitudinal (Thompson,1990). La primera hace referencia a los aspectos perceptivos de la estimación del tamaño corporal. La segunda incluye las emociones o sensaciones que el individuo tiene asociadas a su apariencia corporal, y las evaluaciones cognitivas que hace de su propio cuerpo (Cash, T.F,1994).

 

Diversos trabajos han puesto de manifiesto que tanto la insatisfacción con la forma corporal como la sobreestimación no son exclusivos de pacientes con anorexia nerviosa o bulimia, sino que caracterizan a gran parte de la población adolescente (Fallon y Rozin, 1985; Heilbrum y Witt, 1990; Tiggermann, 1992).

Aunque muchos estudios hayan señalado que no existen diferencias entre anoréxicas y no anoréxicas en cuanto a insatisfacción corporal habría que tener en cuenta el hecho de que estas pacientes son mucho más delgadas, presentando por tanto niveles de insatisfacción corporal dentro de un contexto anormal (Garner et al, 1992).

La imagen corporal esta integrada por componentes perceptivos, cognitivo-afectivos y conductuales.

 

Existen evidencias claras de que las niñas tienen una percepción positiva de sí mismas durante los estudios primarios, sin embargo a los doce años, aproximadamente, sufren una gran disminución en la auto confianza y la aceptación de su imagen física (Orenstein, 1994).

Las razones para este descenso no están indicadas claramente en la investigación, pero probablemente estén en juego múltiples factores. Existen evidencias de que los varones, por lo general reciben un trato preferencial por parte de los maestros en clase (Orenstein,1994). Por otra parte, el papel que juega la mujer en la sociedad contribuye a generar las mismas expectativas en las niñas y adolescentes que imitan esos modelos a medida que crecen. Por ejemplo, el hecho de que las niñas observen que las mujeres ocupan puestos de menor estatus social que los hombres, es posible que les lleve a la conclusión de que su papel social ocupa un rango inferior al de éstos (Debold, 1995).

 

Marsh (1996) en una revisión reciente sobre la influencia del género en los niveles de autoconcepto y autoestima , afirma que en algunos estudios previos los resultados habían sido bastante contradictorios. De todas formas, sugiere que las diferencias más consistentes habían sido las encontradas en áreas como la habilidad o la apariencia física, donde los chicos demostraban tener niveles más elevados que las chicas.

 

Diversas investigaciones han informado del papel que juega la insatisfacción por la imagen corporal, tanto en su dimensión perceptiva (p.e. sobrestimación) como en su dimensión emocional o afectiva (p.e. insatisfacción) en el desarrollo de los trastornos de la alimentación (Cooper, P.J, 1987; 1997). Los estudios realizados señalan también que las alteraciones en la imagen corporal pueden ser causa de problemas emocionales importantes en la adolescencia y primera juventud (Cash, 1989; Whitaker,1989), y que podrían actuar como un factor de riesgo predisponerte, precipitante o mantenedor de patologías alimentarias.

 

Las aproximaciones teóricas, por una parte destacan los factores subjetivos que conducen al descontento con el propio cuerpo, y por otra se hace hincapié en los modelos que intentan ofrecer una explicación perceptiva de la sobrestimación del tamaño corporal (Gardner,1996). A pesar de esta distinción teórica, las investigaciones sobre la imagen corporal han señalado un solapamiento entre las dimensiones subjetivas y las perceptivas del constructo.

 

Se pueden distinguir varias hipótesis en el desarrollo y/o mantenimiento de la insatisfacción corporal. En primer lugar, las que inciden en explicar el mayor riesgo de insatisfacción corporal a partir de la comparación social. Es decir, la frecuencia con que el individuo se compara con otras personas en términos de “ser más atractivo que”. En segundo lugar, las hipótesis socioculturales generalmente más extendidas, sostienen que los factores sociales, particularmente aquellos que en los medios de comunicación tanto audiovisuales como impresos, ofrecen influyentes mensajes acerca de lo aceptable o inaceptable de ciertos atributos físicos, están estrechamente relacionados con la insatisfacción corporal (Gracia, 1999). Numerosos estudios han señalado una asociación entre los trastornos de la alimentación, el descontento con el propio cuerpo, y los mensajes de los medios de comunicación referentes a dietas y a la delgadez como un ideal físico. Por último, las hipótesis que inciden en la importancia de los mensajes verbales –sobretodo en la exposición temprana a comentarios negativos acerca de la imagen, apariencia o peso- se han asociado con insatisfacción corporal, trastornos de la alimentación y con una afectación general del funcionamiento psicológico (Brown,1989; Cattarin,1994; Rieves,1996).

 

 

Diversas investigaciones han indicado que la insatisfacción por la propia imagen podría describirse como una discrepancia entre la valoración  de la imagen corporal que hace el propio individuo y determinados cánones estéticos socialmente reconocidos (Garner,1980; Nagel,1992; Levine, 1994). Estos cánones estéticos se inscriben dentro de los factores socioculturales predominantes que conforman lo que se ha denominado la  cultura de la delgadez.

 

Desde la teoría del aprendizaje social cognitivo (Bandura, 1977) se ha acotado un rango de factores implicados en la génesis de una imagen corporal negativa. En gran parte, estos factores hacen referencia a los modelos y mensajes socio-culturales que definen la imagen corporal, a las implicaciones sociales del atractivo físico y al ajuste entre la propia apariencia y los estándares estéticos. También las relaciones interpersonales que facilitan información acerca de la propia imagen están modeladas por el contexto cultural. La preocupación por el aspecto físico, la autoimagen general y una sobrevaloración del cuerpo afectan a los adolescentes de ambos sexos. Los estudios en esta población indican que es en ese periodo cuando hay una mayor orientación  hacia la apariencia física y cuando se forma la imagen negativa del propio cuerpo. Por otra parte, se ha sugerido que las presiones sociales a favor de la delgadez son particularmente influyentes durante la adolescencia y la juventud, al ser unos periodos críticos en el desarrollo de la identidad y del rol sexual. Esta imagen negativa se convierte en un problema que afecta en mayor grado a las mujeres que a los hombres. Hecho que se ha relacionado con una diferente presión y valoración sociocultural de los estereotipos masculinos y femeninos considerados normativos.

 

 

En adolescentes varones, el estereotipo clásico facilita que experimenten una mayor presión social hacia un ejercicio físico que propicie una imagen de fuerza y potencia, mientras que los modelos femeninos propician, generalmente,  una actividad física dirigida a la consecución de una imagen corporal que mezcla un cuerpo delgado (ectomórfico) con un cuerpo mas musculoso o mesomórtico: unas caderas y muslos mas pequeños y fuertes, hombros mas anchos y brazos con una musculatura perfilada (Lenart, 1995).

 

La influencia de los medios de comunicación también se ha mostrado diferente en ambos sexos. Se ha constatado, por ejemplo, que existe una correlación positiva entre el peso real y el sobrepeso percibido con el tiempo dedicado a mirar los anuncios de televisión en mujeres adolescentes pero no en hombres.

 

Todo tratamiento en trastornos alimentarios debería contar con una intervención específica sobre la imagen corporal. Esta intervención debería centrarse en las siguientes dimensiones actitudinales:

a) La propia evaluación de su cuerpo, b) un conjunto de autoesquemas (sobrepeso, ideales corporales) y c) la afectividad hacia el propio cuerpo según situaciones concretas. La duración debe ser prolongada y continuada, pues la imagen corporal negativa es probablemente uno de los factores de inicio del trastorno y de su mantenimiento en el tiempo.

 

 

2. PARTE METODOLÓGICA

 

2.1. OBJETIVOS E HIPÓTESIS

En la presente investigación nos hemos planteado diferentes objetivos.

1- Investigar las posibles diferencias en bienestar psicológico,  imagen corporal, satisfacción corporal , autoconcepto, actitudes ante la salud y el sabor, conductas antisociales y delictivas  en funcion del género  y de la edad.

2- Analizar las relaciones que se puedan establecer entre el Autoconcepto y la Satisfacción con la Imagen Corporal.

3- Analizar las relaciones que se puedan establecer entre Bienestar Psicológico e Imagen Corporal.

4- Analizar las relaciones que se puedan establecer entre las conductas antisociales y delictivas con la Satisfacción con la Imagen Corporal

 

A partir de estos objetivos, nos planteamos las siguientes hipótesis

HIPÓTESIS 1: Existirán diferencias en bienestar psicológico, imagen corporal, satisfacción corporal, autoconcepto, actitudes ante la salud y el sabor, conductas antisociales y delictivas en función del género y de la edad.

HIPÓTESIS 2: Existirá una importante asociación entre una baja valoración del autoconcepto con una mayor insatisfacción corporal.

HIPÓTESIS 3: Existirá una importante asociación entre bajas puntuaciones en bienestar psicológico y una peor imagen corporal.

HIPÓTESIS 4: Existirá una importante asociación  entre mayor número de conductas antisociales y delictivas y mayor insatisfacción corporal.

2.2. VARIABLES ESTUDIADAS E INSTRUMENTOS UTILIZADOS

Las variables del presente estudio se dividieron  por una parte en variables sociodemográficas : Género, Edad, Curso, Oficio del Padre, Oficio de la madre, con quién vive, número de hermanos, nota media del año pasado, si se había tenido alguna enfermedad, peso y altura; y por otra parte estarían el Bienestar Psicológico, Imagen Corporal, Satisfacción Corporal,  Autoconcepto, Actitudes ante la salud y el sabor y  Conductas antisociales y delictivas.

          A continuación se presentan los instrumentos empleados en la presente investigación:

ESCALA BIEPS-J (Ryff, C. y Keyes, C.L, 1995. Adaptado por Casullo, M. y Castro, A., 2000). La escala Bieps originalmente se la administró a una muestra de sujetos adolescentes (Casullo, Castro, 2000). En nuestra investigación hemos utilizado la versión original autoadministrable integrada por 20 items que se responden en función de una escala tipo likert con las siguientes opciones predeterminadas de respuesta “en desacuerdo”, “ni de acuerdo ni en desacuerdo”, “de acuerdo”. Cada una de ellas recibe una puntuación de 1, 2 ó 3, respectivamente.

Se considera que el bienestar psicológico es un constructo integrado por seis dimensiones diferenciadas:

1) una apreciación positiva de sí mismo,

2) la capacidad para manejar de forma efectiva el medio y la propia vida,

3) la alta calidad de los vínculos personales,

4) la creencia sobre el propósito y significado de la vida,

5) la aceptación del crecimiento y desarrollo a lo largo de la vida

6) el sentido de autodeterminación

 

SCL-90. DEROGATIS. ADAPTACION (Casullo, M., 1998). Inventario de síntomas psicopatológicos compuesto por 90 ítems, agrupados en 9 escalas o dimensiones. Se obtienen doce medidas: nueve correspondientes a las escalas y 3 índices globales. Permite evaluar los síntomas y la intensidad en un paciente en un determinado momento, pudiendo ser muy útil para evaluar a un sujeto a lo largo de las diferentes fases del tratamiento. Su breve tiempo de aplicación, los amplios resultados que suministra, el apoyo de un extenso conjunto de investigaciones, el ejemplar autocorregible de que dispone y los datos normativos españoles para población clínica y población general que se ofrecen, hacen del SCL-90-R un instrumento práctico, serio y efectivo en la evaluación sintomática general.

 

ESCALA DE SATISFACCIÓN DE ZONAS CORPORALES (Maganto,C., del Rio,A. y Roiz,O., 1998). Dicha escala ha sido diseñada para valorar el grado de satisfacción que los sujetos sienten con su aspecto físico global y con 4 zonas corporales integradas por 4 ítems cada una.

 

ESCALA DE AUTOCONCEPTO (Martorell,M.C., Aloy,M., Gomez,O.y Silva,F.1993). Escala compuesta de 38 ítems que hacen referencia al modo de pensar y actuar habitualmente. Escala compuesta por 4 alternativas de respuesta predeterminadas “nunca o casi nunca”, “algunas veces”, “muchas veces”, “siempre”.

 

ESCALA DE ACTITUDES ANTE LA SALUD Y EL SABOR (Roininen,K.,1999. Adaptado por González,R. y Nogués, V.,2000). Esta escala fue inicialmente convertida para determinar las orientaciones de los consumidores hacia la salud y las características hedonistas de los alimentos. Esta escala puede ser provechosa cuando la conformidad o el éxito de la educación de nutrición se considera. Los sujetos han de evaluar lo agradable, saludable, frecuencia con la que comen determinados alimentos y la frecuencia con la que le ocurren lo que se expresa en determinadas afirmaciones de la escala.

 

TESTS DE SILUETAS DE IMAGEN CORPORAL (Maganto,C., del Rio,A. y Roiz,O., 1998). Aparecen 8 figuras femeninas adoptadas de Bell, C., Kirkpatrick,W. y Rin, R.C (1986). Body image of anorexia, obese and normal females. Journal of Clinical Psychology, 42. 431-439; y ocho figuras masculinas presentadas por Maganto, C y cols. en las primeras jornadas sobre imagen corporal y salud. San Sebastián 1999. Los sujetos deben contestar qué figuras a su juicio son normales, cuáles les parecen delgadas, gordas, qué figura representa su peso actual, cuál su peso ideal, qué figura tendría con 5 kg más y con 5 kg menos, qué figura elegiría como pareja, qué figura  cree que elegiría una persona de su sexo contrario como pareja y qué figura le gustaría a su madre y a su padre que tuviera.

 

CUESTIONARIO DE CONDUCTAS A-D (Seisdedos, N., 1995). Evaluación de los aspectos social y delictivo de la conducta desviada, se puede aplicar a partir de los ocho años. Es un cuestionario que recoge un amplio abanico de conductas sociales próximas a la delincuencia a las que los jóvenes españoles se han adscrito en mayor o menor grado.

 

EDI-2 (Corral, S., Gonzalez,M., Pereña, J y Seisdedos, N., 1998). El EDI-2 es un valioso instrumento de autoinforme muy utilizado para evaluar los síntomas que normalmente acompañan a la anorexia nerviosa  y a la bulimia nerviosa. Es un instrumento de tipo autoinforme , de fácil aplicación, que ofrece puntuaciones en 11 escalas que son clínicamente relevantes en el caso de los trastornos de la conducta alimentaria. Consta de 91 elementos a los que se contesta en una escala de seis puntos y en la que los sujetos deben indicar si cada situación les ocurre “nunca”, “pocas veces”, “a veces”, “a menudo”, “casi siempre” o “siempre”.

El instrumento original, que data de 1983, incluía tres escalas que evaluaban actitudes y conductas relacionadas con la comida, el peso y el tipo (Obsesión por la delgadez, Bulimia e Insatisfacción Corporal) y otras cinco más generales referidas a constructor organizativos o rasgos psicológicos que son clínicamente relevantes en el caso de los trastornos de la conducta alimentaria (Ineficacia, Perfeccionismo, Desconfianza Interpersonal, Conciencia Interoceptiva y Miedo a la Madurez). La versión revisada del EDI (EDI-2) mantiene los 64 elementos originales y añade otros 27 que dan lugar a tres nuevas escalas adicionales: Ascetismo, Impulsividad e Inseguridad Social.

 El EDI se ha construido sobre la premisa, compartida por un creciente número de clínicos e investigadores, de que los trastornos de la alimentación son multidimensionales y tienen causas múltiples

 

 

 

2.3. DESCRIPCIÓN DE LA MUESTRA

 

         La muestra de la presente investigación ha estado formada por un total de 400 sujetos de distintas edades y nivel educativo. La edad de la muestra oscila entre los 14 y los 18 años.

 

2.4. PROCEDIMIENTO

 

         Todos los sujetos de la muestra han cumplimentado los instrumentos antes mencionados durante el año 2002. Los sujetos de la muestra pertenecen a la localidad de Xirivella y Valencia, y se distribuyen en tres centros: I.B. Ramón Muntaner, Instituto de Santo Tomas de Villanueva, I.B. Consellería. En la administración de los cuestionarios se trató de crear un ambiente de silencio y escucha al examinador a fin de explicar los objetivos de la investigación. Estos son:

1.     Se trata de una investigación intercultural entre Buenos Aires, Valencia y Pais Vasco.

2.     Se pretende conocer las necesidades y preocupaciones de los adolescentes a fin de dar respuesta adecuada a las mismas.

3.     Los resultados son anónimos y no se dan los datos en el centro educativo

4.     Se aplican una serie de cuestionarios en dos sesiones para que el cansancio no desvirtúe los datos.

5.     Como es en dos días, se asigna un código a cada persona en función de su apellido, para introducir los datos en el ordenador, pero no se introducen nombres ni apellidos, sólo el código. Con este código el segundo día se entrega la segunda parte de la aplicación de los cuestionarios.

6.     Se pide que, por favor, contésteis con la máxima sinceridad posible, lo que pensáis en este momento, pues se trata de ayudar a otros adolescentes en un futuro próximo.

 

En esta investigación se necesita saber con exactitud lo que pesan y miden los sujetos, para ello los examinadores pesan y miden a cada uno de los alumnos.

 

 

  3. BIBLIOGRAFÍA

 

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